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  el  corazón del  Pastor

Mensaje Pastoral Agosto 2020

 

 
 
Las calefacciones modernas han eliminado el trabajo de mantenernos abrigados en los climas fríos. Simplemente programamos el reloj del termostato en la temperatura que deseamos, y sentimos el calor en casa cuando despertamos o cuando llegamos de la calle. Pero en los días de antaño, el fuego se cuidaba mucho, y el combustible para alimentarlo se controlaba con mucha atención, porque desperdiciarlo o quedarse sin ellos, podía ser mortal.
Lo mismo sucede espiritualmente. Si pensamos que nuestro fuego espiritual puede ser encendido con la misma facilidad que un termostato moderno, corremos el riesgo de perder nuestro fervor por el Señor. En el antiguo Israel, en la época del ministerio sacerdotal en el templo, a los sacerdotes se les instruía a no dejar que se apagara el fuego en el altar, (Levítico 6:9, 12-13). Esto requería mucho trabajo, y recoger leña a diario, mantenerla seca, velar por el aceite en las vasijas, mantener las lámparas limpias y aptas para recibir el aceite, era una ardua tarea.
Algunos estudiosos ven el fuego del altar como un símbolo para la llama de nuestra devoción por el Señor. La pasión espiritual no es algo que debe tratarse a la ligera o que se dé por adquirido de una vez para siempre, como algunos enseñan, porque si así lo hacen, o así lo piensan, ésta se enfriará si no la mantenemos con suficiente combustible.
El apóstol Pablo trató el asunto del fervor espiritual en su carta a la iglesia de Roma, (Romanos 12:1-2,11). Para mantener ardiendo fuerte y saludable el fuego espiritual en nuestro interior, debemos continuar con el duro trabajo de apilar o almacenar nuestro suministro de combustible con esperanza, paciencia, planificación, oración firme, generosidad, amor, (versos 11-16). Entonces podemos aplicar: ¡¡Mantén tu fuego ardiendo!!
¡En Shalom estamos de fiesta; alcanzamos los 16 años de vida! Ha sido un crecimiento intenso, arduo, de retos, de experiencias maravillosas, de restauración. Dios nos lleva de su mano todo el tiempo, y hemos podido ver la intervención divina cada vez que nos humillamos, nos unimos y pedimos con fe. Personalmente estoy orgulloso de la comunidad de fe que se nos ha entregado a la pastora Magaly y a este servidor, por el calibre y la calidad de hermanos y hermanas que tenemos. Gente comprometida con esta iglesia, que en todo momento, en los buenos y en los retos, dicen presente, y entregan a Dios como ofrenda genuina, sus talentos y habilidades para el beneficio de todo aquel que tiene contacto directo o indirecto con nosotros.
Podemos decir como el profeta, juez y sacerdote Samuel: “Ebenezer; hasta aquí el Señor nos ha ayudado”. ¡Mantenemos la llama de fuego ardiendo!
Gracias Dios, por siempre estar de nuestro lado; por siempre estar presente. Puedo expresar desde lo más profundo de mi corazón el agradecimiento que tengo por haber alcanzado tu misericordia y tu gracia. Y como escogidos para dirigir esta célula de fe; esta amada iglesia, podemos decir que somos conforme al corazón de Dios.
¡¡FELICIDADES, SHALOM!! Te ama...Tu Pastor.