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  Del  corazón del  Pastor

Mensaje Pastoral Abril 2021

Las repetidas apariciones de Jesús después de su muerte y resurrección, produjeron tanto gozo en sus seguidores que probablemente ellos querían que esas visitas continuaran sin detenerse. Pero 40 días después de haber resucitado, y luego de impartirle a sus discípulos las instrucciones finales de lo que deberían hacer, Jesús ascendió frente a una multitud de seguidores lentamente, y una nube le ocultó de los ojos de todos, quedando atónitos al evento que estaban presenciando, pero al mismo tiempo con el deseo de compartir con otros lo que acababan de observar.
Jesús pudo haber desaparecido instantáneamente, tal y como lo había hecho en otras ocasiones, como narra Lucas en el 24:31, pero eligió ascender de manera visible para dejar impreso en las mentes de sus seguidores que esa sería la última de sus visitas. Desde ese momento, la presencia corporal de Cristo sería reemplazada por “El Consolador”, el Espíritu Santo que él les había prometido, (Juan 14:16). La ascensión de Cristo al cielo marcó el comienzo, el amanecer, de una nueva era.
En su cuerpo humano, pero glorificado, el Señor Jesús ascendió, entró al cielo, y se sentó a la diestra del Padre, envió al Espíritu Santo, (Juan 14:16-18 / Hechos 2:33), y ahora ese Espíritu Santo intercede por nosotros, (Romanos 8:34 / Hebreos 7:25). Está con nosotros y por nosotros e impregna todo el universo con su presencia y su poder, (Colosenses 1:15-23 / Efesios 4:10).
Una antiguo escrito dice que Jesús ascendió corporalmente al cielo “para asegurar nuestra entrada y nuestra morada al hogar eterno que nos fue a preparar”. Es una realidad. Pero también es verdad que como es Dios, Él siempre está espiritualmente presente con nosotros y lo estará “hasta el fin del mundo”, como lo dijo en Mateo 28:20. ¡Qué maravilloso es saber que nunca estamos solos, porque nuestro Salvador vino a morir para pagar nuestra deuda de pecado, pero resucitó al tercer día, venciendo a la muerte con poder, y hoy podemos proclamar con entusiasmo devoción y alegría: ¡Cristo vive!, y pronto estaremos con él para siempre.
En Shalom celebramos con reverencia y conmoción la pasión, muerte y resurrección de nuestro Salvador. Le rendimos honor y vitoreamos desde lo más profundo de nuestro ser que somos parte de ese plan salvífico, y que nuestra fe y nuestra esperanza son vivas, porque sabemos que Él está con nosotros y respalda nuestras obras hasta que regrese a buscarnos. Así como celebramos su nacimiento en nuestros corazones, también celebramos su resurrección en nosotros, porque “así también ustedes, considérense muertos al pecado, pero vivos para con Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro”, Romanos 6:11.
¡Resucitó de entre los muertos con poder propio! ¡Nuestro Señor vive! No nos cansaremos de predicar esta verdad innegable, y así proclamaremos siempre a nuestra comunidad y al mundo que somos conforme al corazón de Dios. ¡Que se te note!
Te ama...Tu Pastor.